lunes, 18 de agosto de 2014

PINTURA RUPESTRE DE LA CUEVA DE LAS GRAJAS



PINTURA RUPESTRE DE LA CUEVA DE LAS GRAJAS


            La Cueva de las Grajas, que debe su nombre a que algunos córvidos utilizan para refugiarse y anidar algunos huecos de su techo, es una cavidad de considerables dimensiones que se localiza en la Sierra del Coto de la Zarza, próxima al Cerro de Enmedio  y al Collado de las Cobatillas. No está en el Cerro Gordo, en el límite entre Almería y Granada, como se publicó en los primeros trabajos, dando lugar a errores posteriores, ya que se incluyó en los estudios de cuevas con arte rupestre del norte de Almería.
            Su entrada, situada a unos l.250 m. de altura, está en una zona llana amesetada y rodeada de montañas, abriéndose en profundidad a modo de sima. Descendiendo por una ligera pendiente, muy irregular y alterada por el paso del ganado, se accede a su vestíbulo. En él aparecen amontonamientos de piedras y de ramajes, colocados por los pastores para modificar su acceso o hacerlo más practicable, ya que desde antiguo se ha utilizado para guardar los rebaños. Esta actividad ha hecho que en su interior se haya acumulado, a lo largo de los años, una gran cantidad de estiércol, por lo que en su techo se excavó un pequeño túnel, para intentar extraerlo. Las paredes están muy ennegrecidas por la humedad y en algunos puntos se aprecian filtraciones de agua.  Dentro de la cueva, en su parte más baja y oscura, comienza una galería de difícil acceso por su estrechez, poca altura y por su pendiente.
            La estancia en la cavidad no es agradable por el fuerte olor a ganado, la humedad, la oscuridad y por la presencia de restos de ovejas muertas. Su habitabilidad se hace difícil, siendo más adecuada para esta función el área del vestíbulo.
            En su interior es muy complicado encontrar materiales arqueológicos, aunque Breuil señalaba la presencia de cerámicas antiguas de distintas épocas, junto a restos de animales domésticos y salvajes (ciervos). Solamente  en su exterior, al oeste de su entrada y junto a una suave elevación, hay un afloramiento de sílex en el que se han podido recoger unas pocas lascas y algún núcleo.
            A pesar de que la cueva no presenta las características típicas de los abrigos pintados levantinos, en marzo de l9l3 fue visitada por el abate H. Breuil  y por D. Juan Cabré, que estaban estudiando varios abrigos con pinturas de la zona de Vélez Blanco (Almería). Encontraron en ella vestigios de pinturas, conservándose tan solo la cabeza de una cabra.
            Se encuentra en una pared lisa, próxima a la entrada. Es de color rojo muy difuminado, ya que apenas se puede apreciar, y presenta unos cuernos largos y paralelos inclinados hacia atrás. No quedan restos de otras partes del animal.
            Sus descubridores la consideraron como una pintura paleolítica y algunos estudios recientes mantienen esta cronología. Sin embargo, por su naturalismo y dimensiones, ha sido incluida en distintos trabajos sobre el Arte Levantino, que es de época postpaleolítica.

BIBLIOGRAFÍA


Breuil, H. y Obermaier, H., «Travaux de l’anée l9l3», l’Anthropologie, tomo XXV, 1914, p. 243.
Breuil, H y Motos, F., «Les roches a figures naturalistes de la région de Velez Blanco (Almería)», l’Anthropologie, tomo XXVI, l9l5,pp. 332 y 333, fig. 9.
Cabré, J., El arte rupestre en España, Madrid , 1915, pp. 76, 207, 219 y 220, fig. 103.
Beltrán, A., Arte rupestre levantino, Zaragoza , 1968, p. 68.
Adams, L., Les pintures rupestres du levant espagnol, París, l984, p.240, fig. 200-5.
Soria, M., y López, M. G., El arte rupestre en el sureste de la Península Ibérica, Jaén, 1989, pp. 58 y 59, fig. 23.

CERRO DE LOS VIEJOS DE REOLID



CERRO DE LOS VIEJOS DE REOLID


                    El yacimiento se sitúa en las proximidades del Reolid, al pie del Cerro de los Viejos, que forma parte de la alineación montañosa que se extiende desde la carretera comarcal que conduce a María hasta Almaciles, cerca de la Rambla de Campillejos y del antiguo camino que, por el Collado Morera, va desde Puebla a Topares.
                    La vegetación está constituida por matorral de espliego, tomillo, romero, etc.,que aparece acompañando a sabinas y enebros. Abundan los pinos, que cubren las laderas de los cerros y las zonas llanas a ambos lados del camino. Entre esta formación boscosa y la rambla hay un terreno dedicado al cultivo de cereales de secano.
                    Dos son los lugares donde se han encontrado los vestigios. Uno está en unas suaves ondulaciones, al pie del Cerro de los Morenos, al norte del camino y en dirección a las antiguas canteras de yeso. De forma dispersa y en un área  bastante amplia cubierta de vegetación, se han recogido núcleos (uno de ellos de cuarcita), lascas, raederas, láminas, foliáceos, raspadores y algún buril, que pueden asignarse al Paleolítico Superior.
                    El otro punto ocupa una zona más concentrada, en la parte opuesta del camino y en los alrededores de una cubeta que se abre en terrenos margosos y en cuyo fondo crecen los juncos, por lo que es posible que fuese un antiguo manantial. Aquí también han aparecido materiales similares a los anteriores, junto a puntas de flecha, geométricos, dientes de hoz y fragmentos de piedra pulida y de cerámica a mano, que podían pertenecer al Neolítico final o al Eneolítico.
                    Las características del sílex son similares a las del Barranco del Romero y, dado que en Reolid no parece haber afloramientos, bien pudo haberse traído desde aquel punto, que dista unos 3´5 Km. en línea recta.






















MOLATA DEL CORTIJO DE LA CERCA






MOLATA DEL CORTIJO DE LA CERCA



            Es un pequeño yacimiento situado junto al barranco de las Porcunas, muy próximo al cortijo de La Cerca. Se ubicó en un escarpe rocoso amesetado que forma parte de una pequeña alineación montañosa, los Cerros de Colo, que se extienden en dirección este – oeste, desde los Aguilones de la Casa Moya hasta el barranco de Porcuna. Este cauce, que sería suficiente para cubrir las necesidades básicas del poblado, cuenta, incluso en verano, con  surgencias de agua, que se acumula en pequeñas cubetas formadas por la erosión en la roca caliza del fondo.

            La vegetación está constituida por plantas espinosas y herbáceas, junto a matorral de tomillo, esparto, etc., siendo escaso el arbolado. Las tierras próximas no son propicias para los cultivos,  que son principalmente  de almendros.

            El asentamiento contó con unas importantes defensas naturales en su parte oeste, donde la roca aparece cortada en vertical, siendo menos escarpada la ladera sur. Las zonas norte y este son de fácil acceso, por lo que se construyó una muralla, de la que queda un gran amontonamiento de piedras de tamaño medio y que tenía forma de arco de circunferencia, para cerrar estos puntos más accesibles.

            Entre los materiales, que se recogen tanto en la pequeña meseta que rodea la muralla como en las laderas que descienden hacia el barranco, destaca una importante industria de laminitas, acompañada por microlitos geométricos, microburiles, microrraspadores, puntas de flecha, etc., con claras semejanzas con los complejos mesolíticos del levante español o con el material lítico de asentamientos neolíticos próximos, como la Cueva del Nacimiento de Pontones (Jaén). Abundan los restos de piedra pulida, que serían indicios de su uso en actividades agrícolas.

            La cerámica es lisa. Algunos fragmentos se deshacen con el agua de la lluvia, lo que indicaría una cocción deficiente. Hay trozos con pintura a la almagra, técnica muy usada en el Neolítico andaluz. Entre los elementos de prensión están los mamelones, las lengüetas, los baquetones y las asas. Estas últimas recuerdan las usadas en las vasijas neolíticas.

            Cerca del poblado hay un pequeño montículo que podía ser un túmulo, pues en parte de su base las piedras parecen adoptar una disposición circular. Podía ser un enterramiento (roundgräber).

            Estos materiales, junto a la inexistencia de cerámica campaniforme, que es muy abundante en otros yacimientos de Puebla, y el no haber encontrado indicios de metalurgia del cobre, nos inclinan a encuadrar cronológicamente el poblado en un Neolítico de tradición mesolítico,  aunque las puntas de flecha podían pertenecer a un Eneolítico precampaniforme.

            También se han recogido algunos vestigios de época romana y medieval, que podían estar en relación con un silo que hay en la ladera oeste.














lunes, 11 de agosto de 2014

Cómo la dieta paleolítica ha reconquistado la Tierra



el país
Cómo la dieta paleolítica ha reconquistado la Tierra
No comen leche, legumbres, ni cereales. Pero cada día son más los seguidores de este régimen y cada día son más sus detractores. ¿Cómo es el estilo de vida de un troglodita en el siglo XXI?
El protagonista de '10.000 a. C.', la película de Roland Emmerich, no se imaginaba que su dieta estaría de plena moda en 2014. / cordon press
Tal vez no salen a cazar mamuts, ni se visten con las pieles de sus presas. Tampoco se pasan las tardes pintando bisontes en las paredes de una cueva pero, salvando estas diferencias, se esfuerzan cada día por llevar la existencia de un auténtico cavernícola. Los seguidores de la dieta paleolítica defienden que adoptar el estilo de vida de los hombres que habitaron la tierra entre 2,5 millones y 10.000 años atrás es lo más beneficioso para nuestra salud. Este movimiento, que comenzó reivindicando una alimentación primitiva, se ha extendido al entrenamiento físico, la maternidad o los hábitos de sueño. La prueba de su popularidad es que en 2013 esta dieta fue la más buscada en Google.
Comiendo como trogloditas
La dieta paleolítica está basada en la comida que ingerían los hombres primitivos y que, según los seguidores de este régimen, es la adecuada para nuestro organismo.
  • Alimentos recomendados: frutas, vegetales, carnes magras, mariscos, nueces, semillas y grasas saludables.
  • Se desaconseja comer: lácteos, cereales, alimentos procesados, azúcares, legumbres, almidones y alcohol.
  • En la dieta paleolítica se indica utilizar poca sal para sazonar las comidas
  • No hay restricciones a la hora de cocinar los alimentos
  • La bebida más recomendada es el agua y algunos de los seguidores consideran también el té como una bebida sana
Los adeptos al menú cavernario afirman que los seres humanos casi no hemos evolucionado biológicamente desde el periodo paleolítico. Por este motivo, mantienen que nuestro cuerpo no está preparado para digerir correctamente la comida que se introdujo en nuestra alimentación después de esta época gracias a la aparición de la agricultura, la ganadería y la industria. Pero, ¿qué come un cavernícola de pro? Pues sobre todo carne, pescado, frutas y verduras. Según esta teoría, los peores enemigos de nuestro organismo son las legumbres, los cereales o los lácteos, por no hablar de los alimentos procesados. Según ellos, consumir estos productos nos ha llevado a desarrollar las enfermedades cardíacas, la diabetes o el cáncer.
Semejantes ideas no tardaron en levantar críticas. Marlene Zuk, bióloga evolucionista de la Universidad de Minnesota, publicó el pasado año la obra Paleofantasy en la que desmonta las creencias de los fans de esta dieta. Zuk destaca que los seres humanos nunca hemos dejado de evolucionar y pone en su libro el ejemplo de la leche. Una mutación genética producida entre 5.000 y 7.000 años atrás nos permite digerir la lactosa. Antes de que esto se produjese, los hombres no toleraban los lácteos tras producirse el destete. Los primeros que pudieron alimentarse de estos productos encontraron una nueva fuente de nutrientes y se impusieron a los que no podían hacerlo transmitiendo esta ventaja evolutiva a sus descendientes.
Pese a las explicaciones de científicos como Zuk, cada día son más los que piensan que la vida troglodita es la vida mejor. Melissa Joulwan, coautora del libro Living Paleo for Dummies, defiende que esta dieta ayuda a mantener una buena salud y controlar el peso. Joulwan también le atribuye otras virtudes como la capacidad de regular los niveles de insulina en la sangre y de reducir la inflamación del cuerpo. Además, asegura que hace que seas más feliz, pienses con más claridad, duermas mejor y afrontes la vida con más energía. Todo ventajas. Sin embargo, Zuk señala en Paleofantasy que realmente no sabemos que comían nuestros ancestros, que puede que consumiesen más carbohidratos de los que pensamos y que, además, ingerían diferentes alimentos en función del lugar en que viviesen.