domingo, 9 de agosto de 2009

APORTACIONES DEL NEOLÍTICO

Son varios los descubrimientos de este periodo, siendo los más destacados:

La piedra pulida.

Es una nueva forma de confeccionar los útiles de piedra, que en el Neolítico tendrán unos usos distintos a los que tuvieron en el Paleolítico. Se utilizaron principalmente en trabajos agrícolas y en los de la madera.
El proceso para lograr un instrumento de piedra pulida, requiere emplear más tiempo que el que se dedicaba para confeccionarlo mediante la talla. El objeto lítico pulimentado presenta una mayor dureza y una mayor resistencia al desgaste de sus filos y extremos. Se usaban las rocas basálticas, graníticas y los mármoles, que se rompen con dificultad y poseen una textura granular que favorece el pulimento. El primer paso para realizar una pieza consistía en un desbaste de forma grosera mediante percusión, seguido de una segunda fase en la que se va elaborando el objeto mediante un “piqueteado” o “martilleo”, que será el que le dé la forma definitiva y eliminará las irregularidades y asperezas. Finalmente se procede al pulido, que se realiza friccionando la pieza con un abrasivo (arenisca, arena, etc.), consiguiéndose así el brillo y el filo.
Los principales útiles en piedra pulida son:

Hachas: Son piezas longitudinales de sección oval más o menos aplanada. Presentan dos extremos distintos. Uno tiene un filo cortante, mientras que el otro, opuesto al anterior y que se denomina talón, es apuntado o redondeado. La piedra se unía a un astil de madera, bien insertándola en un hueco o bien atándola mediante ligaduras. Su función era la de cortar. El estudio de las huellas de uso indica que se usaron para la tala de árboles, posiblemente para la deforestación de terrenos que luego se dedicaban a labores agrícolas.

Hachas votivas: Son hachas de pequeñas dimensiones. Se les dio este nombre al pensar que su función era la de ofrendas, ya que muchas de ellas aparecían formando parte de ajuares de enterramiento. Actualmente se las relaciona con la realización de trabajos de carpintería.

Azuelas: Es una pieza de longitud considerable de sección circular o subcircular y con uno o los dos extremos apuntados. Se utilizaba en labores agrícolas para horadar la tierra y obtener una profundidad adecuada para efectuar la siembra.

Cincel: Es una pieza alargada con un extremo acabado en un filo recto a bisel o doble bisel. Es de pequeñas dimensiones y mucho más largo que ancho. Posiblemente fuese enmangado. Se piensa que se usaba en el trabajo de la madera, para labrarla a golpe de martillo o mediante presión, haciendo una función similar a la del buril de piedra tallada.

Cuentas de collar: Son elementos de adorno en piedra pulida. Presentan una perforación central para que la pieza se pueda colgar o insertar a modo de cuenta.

Brazaletes: Son elementos de adorno, como los colgantes y las cuentas de collar, que aparecen a partir del Neolítico Medio. Se caracterizan por su silueta circular perfecta y una sección normalmente trapezoidal. Podían ir decorados con motivos geométricos incisos. Se confeccionaban en calizas, mármoles y pizarras. Se fabricaban desbastando un bloque pétreo al que se le daba la forma adecuada mediante percusión. Así se obtenía una pieza circular aplanada que después se alisaba por ambas caras y por los contornos mediante un piqueteado o pulimentado. Finalmente se le daba el aspecto de pulsera circular por dentro y por fuera, para lo que se debió emplear mecanismos similares al compás.


Los molinos.

Son piedras que se usan para machacar o triturar un material sólido (cereales, bellotas, etc.), para que quedase reducido a pequeñas partículas. Consta de dos piezas, una mayor que es fija y puede ser de diversas formas (barquiforme, circular, etc.) y otra, más pequeña, denominada mano de molino, que es móvil y se desliza sobre la anterior. Están hechas con piedras granulosas que tienen cierta rugosidad, para facilitar la molienda.

El telar.

Es un invento del Neolítico que permitió al hombre poder confeccionar los tejidos que usó para vestirse. Estaba formado por un armazón de madera, que bien podía colocarse en horizontal o bien en vertical, donde se tejían fibras principalmente de lino, lana y algodón. Aunque el armazón del telar no se conserva, al estar hecho de un material perecedero, sí se han encontrado instrumentos utilizados en las labores textiles, como las pesas de telar de barro con agujeros (para mantener tersos los hilos), las fusayolas, punzones, peines, etc.

La cestería.

Consiste en el trenzado de elementos vegetales (esparto, anea, etc.), para confeccionar esteras, cestas, recipientes, cuerdas, etc. Al emplearse materias vegetales, son raras las ocasiones en que se han conservado restos. A veces improntas de cestería han aparecido en recipientes cerámicos.

La rueda.

Es un invento del final del Neolítico, que permitió al hombre la construcción de carruajes para viajar y transportar mercancías. Hasta su invención el transporte se realizaba por medio de una especie de trineos tirados por personas y animales.




La cerámica.

Fue uno de los avances tecnológicos más importantes de la Prehistoria. Esta técnica permitía obtener recipientes que servían para contener y transportar productos, especialmente los líquidos. Era muy útil para almacenar productos vegetales, pues impedía que les atacase la humedad, los roedores, etc.
La fabricación de la cerámica exige conocer un proceso complejo. Se tiene que elegir la arcilla y hay que lavarla y decantarla, ya que si contiene muchas impurezas no se puede trabajar. Tras esta operación se convierte en una materia demasiado plástica y frágil al fuego, por lo que hay que añadirle unos pequeños elementos más duros (arenisca, cuarzo, caliza, etc.), llamados “desgrasantes”. Una vez modelado el vaso hay que dejarlo secar antes de la cocción, durante la cual la arcilla cambia de color y de consistencia.
Las primeras cerámicas se elaboraron a mano (durante el Neolítico, Edad del Cobre y Edad del Bronce). Posteriormente, a partir del Bronce final, se emplearon el tormo lento y más tarde el rápido.
La cocción se realizaba en hornos. Los más sencillos consistían en realizar un fuego a cielo abierto que originaba un lecho de ascuas sobre las que se colocaban los recipientes, que se cubrían con ramas finas de leña. Una variante consistía en excavar un hoyo en el terreno, que podía cubrirse o no con piedras, y que permitía que se conservase mejor el calor. También se podían cocer cubriendo las vasijas con brasas, que a su vez se tapaban con terrones de hierba o con arcilla, obteniéndose mayores temperaturas y manteniendo el calor más tiempo. A veces, en esta última modalidad, se abrían agujeros para que circulara el aire.
Las cocciones a cielo abierto se caracterizaban por el rápido aumento de temperatura y su corta duración, originando en el recipiente unas manchas superficiales (nubes de cocción) y oxidación incompleta.
Posteriormente se usó otro tipo de horno cerrado más complejo. En él la cámara de cocción y el hogar estaban separados, lo que permitía ir reponiendo el combustible par alcanzar la duración y las temperaturas deseadas. Las llamas del hogar pasan a la cámara, que tiene un orificio superior para la expulsión de gases.
Si durante la cocción hay aporte de oxígeno se denomina oxidante y las vasijas adquieren tonalidades rojizas, anaranjadas, amarronadas, etc. Si por el contrario hay poca oxigenación, se denomina reductora y las piezas toman un color negruzco. A veces en recipientes aparecen partes de un color alternándose con otro distinto, debido a que en unas zonas la cocción fue oxidante mientras que en otras fue reductora.
Algunas vasijas presentan instrumentos de suspensión o de prensión como asas, mamelones o tetones (salientes hemisféricos en la superficie), lengüetas (salientes en forma de lengua, de sección oval, para asir la pieza) y mangos. A veces esos instrumentos de prensión llevan una perforación para la suspensión de la vasija.
Los recipientes podían hacerse con o sin decoración. Para adornarlos se usaban distintas técnicas:

Impresión: Consistía en hacer una impronta sobre la arcilla blanda con un punzón, con la yema de los dedos (digitaciones), con las uñas (ungulaciones), con una caña, con una concha, con una estampilla, etc. Destaca la cerámica cardial del Neolítico que se hacía con las impresiones de las conchas de los berberechos (Cardium edule).



Incisión: Se realizaba deslizando sobre la arcilla blanda un objeto duro más o menos afilado. Así se podían obtener líneas en zig-zag, reticulazos, triángulos, trazos convergentes, etc. A veces se hacía con un peine (de hueso o madera), que producía incisiones paralelas rectas, ondulantes, concéntricas, etc. Si en la incisión se empleaba un objeto romo se originaban acanaladuras.

Engobe: Son baños que se aplicaban a las superficies de las vasijas con arcilla muy diluida, que a veces podía ir acompañada de colorantes como la almagra. Las cerámicas con tratamiento a la almagra se usaron mucho durante el Neolítico, produciendo tonalidades que van del rojo al rosa, pasando por anaranjados, amarronados, etc.

Pintura: Consiste en pintar motivos sobre las superficies de las vasijas antes de su cocción. Una vez se ha producido ésta los motivos permanecerán inalterables.

Excisión: Se hacía retirando de la superficie cruda del vaso parte de la pasta, produciendo una decoración formada por motivos en altorrelieve y en bajorrelieve. Esta decoración es propia de la Primera Edad del Hierro.

Plástica: Se realizaba añadiendo a la superficie externa de la vasija, antes de la cocción, elementos funcionales (mamelones, lengüetas, botones, etc.) o no funcionales (cordones).

Esgrafiado: Consiste en el rayado en seco de una superficie con pintura o engobe tras haber sido cocida. Esta técnica se usó mucho en época árabe.

Moldeado: Se hacía aplicando una placa de pasta sobre un molde cóncavo o convexo, en cuyas superficies se han realizado previamente los motivos que luego quedarán reflejados sobre la arcilla blanda. Se usó mucho en época romana en la producción de sigillatas.

A veces las cerámicas no decoradas presentan un tratamiento especial en sus superficies, que hace que tengan ciertas características. Destacan el espatulado y el bruñido. El primero muestra en la superficie las huellas que dejó la espátula durante el acabado de la pieza sobre la arcilla blanda. El bruñido es un brillo característico que se produce al pasar un objeto repetidas veces sobre la superficie blanda de un vaso (podía usarse un trapo, cuero, hueso, etc.), consiguiéndose un aspecto metálico.
JFP

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